Mostrando entradas con la etiqueta ocio creativo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ocio creativo. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de enero de 2008

Inténtos filosóficos en el colectivo

Los viajes largos hacen que la mente viaje más rápido que esa caja de zapatos que se sacude enérgicamente sobre las calles hermosamente destruidas de nuestra ciudad (cosa no muy difícil), tomando altos vuelos como el humo de las pipas de los históricos ancianos frente a los clubes del progreso en los pueblitos entrerrianos... (como observan la voladura apunta para grave)...
Venía acordándome de una frase que un payaso vestido de verde manzana y violeta, con una peluca color rojizo y un enérgico cigarrillo en la boca me dijo una tarde cerca de las 6 en una aula ruinosa y descolorida de una viejo profesorado... Los que han pasado por allí saben de quien hablo aunque disientan en la descripción...
En fin, ella dijo: La literatura es monstruosa, para agregar sin mayor alteración: La literatura debe molestar...
Verdaderamente, no se si tendrá mucha razón, y no pretendo buscar los efluvios en su subjetividad intelectual que fundamenten su enunciado... Simplemente me hizo pensar en qué es aquello que nos ha unido... justamente ese molestar.
Recuerdan el lugar de encuentro, nuestro búnker alrededor de una mesa de madera clara y pesada, con sillas de oficina secuestradas y calor de compañía... gente circulando, preguntando, interrumpiendo, colchones y frasadas, trapeadores compulsivos y carreras de sillitas chocadoras... Recuerdan esa tarde de sol otoñal a pesar de entrado julio en que nos reunimos por primera vez sin pensar en que llegaríamos a esto... sólo planificábamos una charla conbate para más tarde.
Ahí empezamos, y adivinen qué hacíamos... MOLESTÁBAMOS.
Sí, molestábamos a los profesores a los que no estábamos escuchando atentamente en las roídas aulas de la Normal, molestábamos a los compañeros a quienes asediábamos con pancletos de lucha e informes del cuartel general aún a la salida del baño; molestábamos a los oficinistas de profesión dudosa lanzando petitorios estridentes y reclamando documentos archivados y ocultos, molestábamos a funcionarios del poder de turno intrusados en una universidad por el dedo superpoderoso de un gobernador con el fin de anular ideologías zurditas, democratizar, formar alumnos críticos y juiciosos, y capaces de mirar para otro lado siempre que la mano en la lata sea de mayor alcurnia, los molestábamos insistentemente y por todos los medios, radiales, televisivos, gráficos, callejeros, oficiales y clandestinos... Molestábamos, y por suerte seguimos y seguiremos molestando.
Porque molestar no es simplemente ser un estorbo a la vista y la premura que el mercado impone a nuestros pasos... Molestar es hacerse notar y ser realmente un grano en el c... Mostrar que se existe por fuera de todos las estructuras, que se puede razonar por fuera del recipiente... Molestar es alzar la voz y demostrar en los actos que hay mucho detrás de la mecánica perversa que cierra las mentes hasta que sean capaces de afirmar y debatir la importancia de una uña quebrada o un capricho de la mimada niña de un añejado reality show (que cerro sin éxito su 7 u 8 edición).
Molestar es hallar en aquél rinconcito olvidado de la casa de nuestros recuerdos esas menudencias que nos dejaron pensando un instante durante nuestra reciente y permanente juventud, para volver a darle vueltas a la manivela de la duda y volver a preguntar como niños la razón de la existencia y el por qué del color oscuro de esa cosa que los mayores llaman río antes fue más feliz...
Molestar es recuperar la potencia de la duda y la energía de la pregunta, a pesar de las respuestas... (otra persona me dijo que la inteligencia no está en la respuesta, sino en saber formular la pregunta correcta) Y justamente por esto, creo que no hay potencia más grande que molestar, y en ese molestar reside algo así como lo que a veces llamamos PODER
Sigamos molestando, Vicky